miércoles, 10 de junio de 2009

Conclusión

Nuestra actriz/ministra nos dice que en Chile hay más de 40 festivales de cine, en el Nodo de la UC dicen que más de 70. Discrimino y digo que realmente no hay más de 10, el resto no pasa de ser una instancia comunal, municipal, nada más allá de lo que una buena junta de vecinos pueda concretar, transformándose, dado el nivel cultural de los Chilenos, en un arribismo ordinario a través de un discurso en oferta.

Me quedo con la sensación que, generalmente, un festival de Cine en Chile es el lustre del ego de alguien al que se suman los dueños de casa, ávidos de reconocimiento gratuito que ahogue la sensación de abandono injusto. Un orgullo que se convierte en soberbia sin necesidad de unas copas de más. Que no se entienda mal, muchas veces lo pasé muy bien, la gente de regiones es por lejos más amable que los Capitalinos y salir de Santiago siempre es un agrado. Y, aquí, la diferencia es mínima.

El problema está en la organización, muchas ganas y poco o ninguna capacitación. Y sin estas ganas no existiría nada, lo que sería peor, pero su desarrollo produce frustración y desencanto. ¿Volvería?, sólo por trabajo: work in progress o algo semejante.

Mi experiencia en Festivales se suma a mi decepción general del medio, gobernado por una oligarquía pestilente, una falta de dignidad y transparencia que no está lejos de la indecencia que se palpa en cualquier dictadura. La hermandad cinematográfica de la cual se vociferaba al ser aprobada la nueva ley de cine es aún más demagógica e irreal que la del político menos sucio. La necesidad de una actualización de los fondos y formas es imperante, pero implica que muchos "compañeros" se queden en la casa. Lo que augura el futuro es peor, se van éstos y llegan amigos del Vaticano y de los uniformes.

Me despido de toda persona que alguna vez leyó este blog, condenado a morir.

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